Hijas de la misma rabia
Una crisis política irresuelta
El Perú atraviesa desde hace varios años una crisis política
persistente cuya característica principal es su falta de resolución. La
sucesión de presidentes, las confrontaciones permanentes entre poderes del
Estado y la incapacidad del sistema político para procesar las demandas
sociales han configurado un escenario de incertidumbre que parece haberse
vuelto estructural.
En paralelo, se observa la emergencia de una derecha cada
vez más radicalizada. En un escenario de incertidumbre y malestar social,
sectores conservadores han reforzado discursos autoritarios, nacionalistas y
profundamente hostiles hacia sindicatos, organizaciones sociales y fuerzas de
izquierda.
En medio de este escenario de crisis política, hace unas
semanas La Comuna organizó un encuentro de dirigentes sindicales con
candidaturas de las izquierdas para conocer las propuestas políticas frente a
la coyuntura electoral. Entre las participantes estuvieron las compañeras Sigrid
Bazán e Indira Huilca, junto a otros candidatos y candidatas de
diferentes espacios políticos de izquierda. Más allá de los matices propios de
cada trayectoria política, las intervenciones coincidieron en puntos centrales:
la necesidad de fortalecer los derechos laborales, de recuperar la capacidad
reguladora del Estado frente al poder económico y de ampliar los mecanismos de
protección social para los sectores más vulnerables. Las preocupaciones sobre
la precariedad del empleo, el debilitamiento de la negociación colectiva, la
expansión de la tercerización laboral o la necesidad de proteger la actividad
sindical aparecieron reiteradamente en las intervenciones. Todas estas
propuestas se inscriben dentro de una agenda más amplia de defensa y
ampliación de los derechos sociales, que incluye el fortalecimiento de los
sistemas públicos de salud, educación y protección social, así como políticas
orientadas a reducir las desigualdades económicas y territoriales.
Lo que nos queda claro es que, pese a competir en listas
distintas, las candidaturas de izquierda comparten un marco común de
preocupaciones y objetivos políticos. En ese terreno programático, las
distancias parecen mucho menores de lo que sugiere la fragmentación electoral.
La paradoja política: candidaturas separadas
Sin embargo, a pesar de estas coincidencias, el panorama
electoral muestra una situación paradójica. Las candidaturas más cercanas al
mundo del trabajo y a las agendas progresistas no se presentan dentro de una
misma propuesta política, sino distribuidas en distintos espacios electorales.
Así, por señalar candidaturas representativas y cercanas al
movimiento popular tenemos a Sigrid Bazán que participa en la lista de Venceremos,
mientras que Indira Huilca postula por Ahora Nación, y Anahí
Durand lo hace por Juntos por el Perú. Se trata de tres trayectorias
políticas que comparten un origen común en luchas sociales y debates
progresistas, pero que hoy compiten desde plataformas electorales distintas.
La dispersión no se limita únicamente al ámbito de las
candidaturas individuales. También se observa en el campo sindical, donde
dirigentes vinculados a una misma tradición organizativa participan en
diferentes listas electorales. Un ejemplo de ello es la candidatura de Luis
Villanueva Carbajal, dirigente sindical que postula por Ahora Nación;
mientras que otros dirigentes vinculados a la Confederación General de
Trabajadores del Perú participan en candidaturas de distintas
organizaciones políticas, incluyendo listas como Venceremos, Juntos por el
Perú, PTE, Fuerza y Libertad, entre otras. Este fenómeno refleja un patrón más
amplio de dispersión política dentro de sectores que, en principio, comparten
referencias sindicales y trayectorias de lucha similares.
La paradoja es evidente: mientras las propuestas
programáticas muestran amplias coincidencias en materia laboral y social, las
candidaturas que las representan se encuentran dispersas en múltiples listas
electorales. Una manera de explicar dicha paradoja sería preguntarnos por las diferencias
ideológicas sustantivas que justifican dicha dispersión electoral.
Dicho de otra manera: ¿qué separa hoy a Sigrid Bazán,
Indira Huilca y Anahí Durand?. ¿Se trata de proyectos políticos ideológicamente
diferenciados? ¿De estrategias incompatibles respecto al modelo económico, la
democracia o el papel del Estado?
Hijas de la misma rabia
Tal vez una manera de comprender esta situación sea
recurriendo a una imagen sugerente. El grupo italiano Banda Bassotti
popularizó una canción titulada Hijos de la misma rabia. La misma alude
a como líderes revolucionarios en diferentes momentos y lugares, son parte de
un mismo sustrato, un mismo sentimiento que los une y hermana.
Y mirando más allá de sus trayectorias particulares, Sigrid
Bazán, Indira Huilca y Anahí Durand emergen de una
sensibilidad política similar. Sus recorridos están vinculados a luchas
sociales, debates democráticos y procesos de movilización que han marcado la
política peruana en las últimas décadas. En ese sentido, sus candidaturas
pueden entenderse como expresiones distintas de una misma indignación política.
Es, en primer lugar, la rabia frente a la corrupción que ha
atravesado reiteradamente a las élites políticas y económicas del país. También
es la rabia frente a un modelo económico que ha concentrado poder en grandes
grupos empresariales mientras amplios sectores de la población continúan
enfrentando condiciones de precariedad laboral e inseguridad social. A ello se
suma la reacción frente al avance de sectores de extrema derecha que, en
diversos países de la región y del mundo, han construido discursos abiertamente
hostiles hacia las mujeres, los sindicatos, las personas LGTBI, las organizaciones
sociales y fuerzas progresistas. En el Perú, ese clima político empieza a
hacerse visible a través de campañas de estigmatización, amenazas y discursos
que buscan deslegitimar cualquier forma de organización popular y resistencia.
Desde esta perspectiva, las tres candidaturas parecen
compartir una misma raíz política: una indignación frente a las injusticias
estructurales que atraviesan al país y una voluntad de transformarlas desde la
acción política. Sin embargo, esa rabia común no se ha traducido en una
estrategia política común.
Y allí aparece la pregunta inevitable: si la rabia es la
misma ¿por qué no la unidad?
Más allá de las interpretaciones políticas o de las
explicaciones organizativas que puedan darse, existe un dato difícil de
ignorar: las encuestas actuales muestran que las distintas candidaturas de
izquierda se encuentran lejos de disputar seriamente el acceso a una eventual
segunda vuelta presidencial. En algunos casos, incluso aparece el riesgo de no
superar la compleja valla electoral que permite mantener representación
parlamentaria.
En un sistema político tan fragmentado como el peruano, cuando
varias candidaturas cercanas compiten por un mismo electorado relativamente
limitado, el resultado no suele ser una ampliación de la representación
política, sino su reducción. Votos que podrían converger en una fuerza política
con capacidad de incidencia terminan dispersándose en varias listas que
compiten entre sí por un espacio similar.
El problema no es únicamente aritmético. Tiene también una
dimensión política más amplia. En el contexto actual, se observa el avance de
corrientes de extrema derecha que combinan discursos autoritarios,
nacionalistas y profundamente hostiles hacia sindicatos, organizaciones
sociales y movimientos progresistas. En distintos países de la región, estos
sectores han impulsado campañas abiertas de estigmatización contra dirigentes
sindicales, activistas sociales y partidos de izquierda.
Más temprano que tarde, tendremos que regresar al tema de la
unidad. Es cierto que, para algunos sectores, realmente minoritarios, la unidad
no es ni necesaria ni deseable. Entre la desconfianza y una memoria sesgada, creen
que el camino singular y un poco de suerte son suficientes para contar con algo
de poder. Cuando la primera lección que nos da la historia es que todas y cada
una de las derrotas que hemos sufrido, se han producido porque -entre otras
razones- íbamos separados y peleados entre nosotros.
Si las izquierdas no lograron unirse para disputar el gobierno
en estas elecciones, por lo menos, debemos hacerlo para resistir cuando gane la
extrema derecha empresarial. Porque nuestro dilema cada vez es más sencillo: o
construimos alguna forma de unidad o corremos el riesgo de desaparecer por
separado.
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